Un día de 1612, Juan Sánchez Bermejo, vecino de Salteras, trabajaba en sus viñedos, en “Los Villarres”, cuando descubrió una extraña piedra y, a más profundidad, un esqueleto que, asustado, dejó allí.
Este hecho llegó a oídos de los curas de Salteras que, tras leer en la lápida la inscripción “famula Dei” (sierva de Dios), comunicaron el hallazgo al Arzobispado de Sevilla. Tras estudiar los hechos, la iglesia llegó a la conclusión de que Susanna Famula había muerto en el 571 de la era cristiana, durante el reinado visigodo Leovigildo, tiempos en los que Hispania imperaba el arrianismo.
Susanna, mártir del cristianismo, tenía 41 años cuando murió y , considerando que su cuerpo llevaba más de mil años sepultado, sorprendía su escasa corrupción. Por orden del arzobispo, sus restos fueron enterrados en la iglesia Parroquial y cubiertos con su vieja lápida.